Calle Toledo

COMERCIOS Y TIENDAS DE CIUDAD REAL EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

CALLE TOLEDO

Es la calle de Toledo, sin duda la más larga de Ciudad Real, pues su numeración alcanza hasta los ciento treinta y tantos. Calle que en los años a que nos venimos refiriendo principalmente, de las tres primeras decenas de siglo, no tenia gran historia comercial pero si era de las más concurridas, por ser la arteria principal de una gran zona de la capital, como entrada de la carretera de Toledo entonces el camino desde Madrid, y lógico acceso al centro y más concretamente a la plaza de la Constitución, hoy Plaza Mayor.

Al final de la calle, la histórica puerta de Toledo, a la que aún flanqueaban dos lienzos de muralla que se prolongaban bastantes metros a derecha e izquierda. Por la puerta de Toledo, una de las siete que tuvo Ciudad Real y su recinto amurallado, habían de entrar cuantos llegaban desde la Imperial Ciudad y de los pueblos del trayecto dentro de los límites provinciales: Fuente el Fresno, Malagón, Fernáncaballero y el anejo de Peralvillo, anejo que no lo es de Ciudad Real sino de Miguelturra. Incluso autocares y camiones pasaban por debajo del arco, suponiendo ya un peligro para su integridad, por el cada vez mayor volumen de los mismos. La puerta de Toledo ha visto pasar miles de veces los coches fúnebres tirados por caballos, llevando en su interior los restos mortales de tantos vecinos de Ciudad Real, para su descanso en tierra sagrada.

Antes de que se construyeran viviendas y naves industriales en los alrededores del citado monumento, había algunos terrenos dedicados a eras, en las que los labradores y hortelanos de las proximidades realizaban sus faenas de verano. Por allí estaban también las llamadas "charcas del Arrogante" y el "pozo de la nieve", donde se guardaban para el verano el hielo que se había recogido durante el invierno en las charcas, con agua proveniente de las lluvias, que por aquel entonces eran bastante más abundantes.

Antes de entrar en el detalle de la calle de Toledo, queremos referirnos al cambio de su nombre durante algunos años en que se llamó del General Espartero, en recuerdo y homenaje al Príncipe de Vergara y duque de la Victoria, el ilustre militar nacido en Granátula de Calatrava un 27 de febrero de 1793, don Joaquin Baldomero Espartero, sobre el que ha escrito un interesante epitome biográfico el historiador ciudarrealeño Manuel Espadas Burgos, catedrático y director del Instituto de Estudios Manchegos. Sucedía esto del cambio de nombre por los años veinte.

Luego, en los años de la Dictadura del general Primo de Rivera, la hermosa vía recobró el tradicional nombre de Toledo, mientras el personaje del siglo XIX quedaba aquí, en la capital de su tierra, sin el más leve recuerdo.

Entre la representación femenina, menos numerosa, destacaba Ramona Valiñani, que solía representar papeles de característica. Ello obligaba, en algunas ocasiones, a que desde Madrid se desplazase el matrimonio Alliafré.

La calle de Toledo, salvo su primer tramo, no disfrutó de pavimentación de adoquín hasta iniciado el segundo cuarto del siglo. Y era en ella donde se hallaba situado el único teatro existente en la capital, que tenía el nombre de Cervantes. Hacía esquina con la plazuela de don Luis, después plaza de José Antonio y hoy de la Constitución, precisamente donde se halla el edificio de Correos y Telégrafos en la actualidad, que data de 1930. En este Teatro Cervantes fue local donde tuvieron lúcidas actuaciones, junto a compañías profesionales, otras ce aficionados con los nombres de "La Concordia" y "Sociedad Amigos del Arte". Nunca han faltado grupos de buenos aficionados al teatro, que ofrecían a sus convecinos representaciones de obras de mayor o menor altura artística, pero siempre con el deseo de quedar bien ante los espectadores buen número de ellos familiares.

Precisamente en el "Boletín de Información Municipal", correspondiente a agosto de 1970. Don Carlos Calatayud Gil, a la sazón director del Instituto de Estudios Manchegos, glosaba las actividades de los aficionados en dicho local. Y dan nombres de personas muy conocidas por entonces pero ya desaparecidas, como Claudio Adán, Narciso Velasco, los hermanos Andrés y Cipriano Arteche, Pura Viú, que si mal no recuerdan nuestros informantes, era hija del por aquella calendas delegado de Hacienda de la provincia, a las que hemos de añadir uno muy popular, Juanito Enríquez de Salamanca, a quien sus compañeros de farándula le hacían rabiar no poco, pues era hombre nervioso, a quien gustaban las cosas muy bien hechas y cuidadoso de los detalles, Pepe Vázquez, el atildado y artista en todos los terrenos Tomás Rueda Tejeiro, que pasó los últimos años de su vida en la casa solariega de Villanueva de los Infantes rumiando sus recuerdos juveniles -aquellos Carnavales del Casino y del Olimpia en que se veía la mano del buen amigo Rueda-, Antonio López Salazar y Vicente Blasco, ambos funcionarios del Banco de España, y algunos más.

Como es natural no siempre habia en el Cervantes representaciones teatrales, por lo que la empresa de tanda, alguna de ellas integrada por personas muy conocidas de la capital, los hermanos Arteche y el popular Valero Aguirre, ofrecían películas de cine mudo, incluso episodios, recordando las del conde Hugo y Lucile, con sus famosos títulos "La moneda rota" y "Lucile o la hija del circo".

En el número 2 no ha habido establecimientos hasta que se realizó el ensanche de la calle de Calatrava, en los años 30, en que abrió sus puertas la papelería e imprenta Vivar. Había sido siempre una casa particular, con cochera para carruaje de caballos en el chaflán. A continuación se instaló el conocido establecimiento "Palacio del Calzado", en el año 1942, propiedad de don José Cabañas, donde ha permanecido hasta 1976 en que se procedió a la demolición del inmueble, para construir en su lugar otro moderno de varias plantas, que tiene fachada en las dos calles.

En el número 4 hemos de recordar la zapatería y curtidos de Miguel García Martin, más conocido por el "Churriego". Estuvo también en este número el primer comercio de "La Giralda", que pasó después a los soportales de la Plaza Mayor, de los señores Salcedo, Burgos y González, dedicado a tejidos y novedades. En el año 1931 realizó su primera instalación la papelería y librería "AIpha", con la imprenta en la avenida del Obispo Esténaga y que pocos años después se trasladaron conjuntamente a Calatrava 5 Y. o te número 4 estuvo también bastantes años el establecimiento de Ciclos Rodríguez, hoy en la calle Libertad 19, con un gran surtido de marcas de motocicletas y bicicletas, que hacen la delicia de la gente joven.

En el 6 estuvo la peluquería de caballeros del popular Nolasco, que se especializara luego en peinados de señoras, as¡ como el griego Panoyotis, con su establecimiento de frutos secos, tan frecuentado por la gente menuda, como hoy sucede con "El Niño Jesús", Casa Roldán, que además de dichos frutos está especializado en dulzainas.

Ni en el número 8 ni en el 10 hubo por los primeros lustros del siglo, establecimientos comerciales. Los pisos bajos, con la característica humedad de buena parte de la población, estaban ocupados por vecinos de familias conocidas. Ya más adelante, en el número 8, se intaló la droguería "El Arco Iris", que fundara en el año 1925 su propietario don Ignacio González y que aún está abierta al público en la actualidad. En el 10 hubo un establecimiento especializado en lanas, Difusión Textil S.A. "Ditesa", representada por doña Ascensión Castañeda, con el nombre comercial L.AV.I., así como la imprenta del buen amigo Rafael Navarro.

En el 12 dos zapaterias de componer, una de ellas de Cándido, que después pasó a Calatrava y Virgen de las Lágrimas. Hoy la ocupa la peluquería de Félix Peco, sin que falte el caballito para el arreglo de los niños.

En el número 14, edificio de tres plantas y gran número de balcones, domicilio de la familia Morales Sanchez Cantalejo, estuvo hasta el año 1904, bastantes años antes, la Sucursal del Banco de España, hasta que en la fecha citada se inauguró el edificio de la plaza del Pilar. Después se establecieron los hermanos Pérez Pastor en imprenta, trasladándose luego a la calle de Caballeros número 4 el negocio de artes gráficas, donde aún continua al frente de él estaba don Enrique, mientras que la librería y papelería se instaló en la calle de la Feria número 5, con don Carlos como propietario de la misma. Algo más tarde se estableció en dichos locales de la calle de Toledo el Juzgado Municipal y Registro Civil, hasta que construido en los años 30 el Palacio de Justicia, en la antigua casa-palacio de la familia Muñoz, se trasladó allí junto con la Audiencia y el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción, ocupando los locales que dejaba en la calle de Toledo, el establecimiento de Ramón Prado Astillero, con materiales de construcción y la representación de "Uralita", mientras que en la otra parte del mismo inmueble se establecía la farmacia del licenciado don Manuel Romero.

En el interior de este edificio número 14 tuvo su primer estudio fotográfico Luis Morales, profesional de muchos quilates, pero por aquel entonces tan sólo aficionado. Hoy ocupa el local que tuviera la casa Prado, la sección de muebles de "Comercial Malagueña", cuyo propietario, el popular Antonio Martin, ha ampliado las instalaciones a la casa siguiente, la número 16, donde tuvo su domicilio y bufete un gran abogado, don Manuel Barensa y García, al que sucedió profesionalmente su hijo mayor, del mismo nombre y apellidos.

En el número 18 la Relojería Moderna, de Abel García, que se trasladó después a la calle de la Feria. También y durante muchos años, en el principal, tuvo su domicilio social la Cámara de Comercio e Industria de la provincia, y luego el taller de la tapicería Merino, así como en el bajo la sastrería y pañeria Eguren, gran profesional a medida, hoy ocupada por otro acreditado industrial, Alfredo Muñoz Lorca, hombre simpático y gran amante de las cosas de su tierra. También está muchos años la "Clínica del Calzado" y tuvo igualmente sus oficinas centrales la "Electra Feba", a la que sucedió "Eléctrica Centro España", ampliadas más tarde a la calle de la Audiencia.

En el número 20, como más notable, la Confitería de Tarsilo, muy popular y con excelentes productos en el ramo de pastelería, y que al igual que en alguna otra ocasión de los años 20 recordamos un verso, que poco más o menos decía:

Si te vas desfalleciendo

por el mucho caminar

no te debes apurar,

pues cerca está el gran Tarsilo

que, dada su democracia

y cariño al parroquiano,

verás servirte con gracia,

los pasteles en la mano.

Y por nuestra cuenta añadimos, y su correspondiente copa de vino o licor, que por aquel entonces era cosa muy corriente en las pastelerías. Hubo también una peluquería y en el 22 la relojería de Germán Valero, especialista en compostura, la sastrería de Pardo y la pastelería de Melchor, muy acreditada en el ramo. Todos estos establecimientos desaparecieron al construirse un moderno edificio, con el debido ensanche de la calle, primero que se efectúa en el primer tramo.

Ya pasada la antigua plaza de Don Luis, hoy de la Constitución, en el número 24, la casa que fue del ilustre catedrático don Emilio Bernabé Nóvalos, se hallaba el establecimiento de electrodomésticos de Antonio de Gracia, con una amplia gama de las más conocidas marcas, si bien la sastrería Pardo había estado también en este local.

Empezamos ya con los impares. En "Hoja del Lunes" de Ciudad Real correspondiente al 9 de noviembre de 1970, un buen conocedor de "historias" del viejo Ciudad Real, don José Rodrigo Rico escribía una interesante colaboración en la que informaba del establecimiento en Toledo 1 de la cervecería "El Gallo" para la que vinieron, en su inauguración, "tapices de estilo venecianos y Luis XV, de los más variados rincones. El mobiliario se calificó de gran lujo y toda la vajilla y servicios en gran parte era de plata, gracias al celo de su dueño don Antonio de Alba, hombre de gran mundo, acomodado y afincado en Ciudad Real, quien en tal inauguración fue pródigo en la invitación general al público selecto y numeroso que asistió. Fue este el primer café-cervecería que tuvo formalmente nuestra capital -la inauguración tuvo lugar el 20 de septiembre de 1908- y posiblemente el único bar de la primera década del siglo, ya que hasta entonces, aparte del Nuevo Casino en sus diferentes etapas, en la calle de Caballeros, sólo había tabernas y bodegones".

La cervecería "El Gallo" -según sigue relatando José Rodrigo en su colaboración- fue punto de reunión de damas y caballeros de la alta sociedad, a la salida de misa en domingos y días festivos, y tímidamente empezó a alternar en pequeños grupos la juventud femenina de la ciudad, acompañada de algún que otro pollo con pulcros botines, con gran "escándalo" de las estiradas mamás. Sin duda el marco del caf-cervecería fue el de más lujo de la provincia. Y antes de "El Gallo", a finales del siglo pasado, estubo en este mismo local la sombrerería de moda propiedad de don Gregorio Sánchez Escribano.

Otro colaborador habla de que en este número I estuvo la sastrería de don José Ruiz Sánchez, gran figura popular de Ciudad Real, hombre afable, simpático, aficionado a la caza, estimado de todos.

También estuvieron ubicados en esos locales, la taberna de Garrido, que luego con categoría de bar, se trasladó a la calle del General Aguilera; otra taberna de Pedro, famosa por el nombre de "El As de Copas", con una gran carta de la bajara como muestra, que pasó más tarde a las proximidades del parque de Gasset, concretamente haciendo esquina de la calle de Alarcos y la Ronda; el comercio de don Pedro Simón, del ramo textil, y el almacén de muebles de Andrés Arche, hasta llegar a los almacenes de los Reyes, de don Mariano y don Emilio, si bien posteriormente el primero se trasladó a su actual emplazamiento esquina a plaza de Cervantes y avenida de Alarcos, con un moderno edificio de todas las ramas de tejidos y confección, permaneciendo en la calle de Toledo, al construirse un moderno edificio, los hijos de don Emilio.

En el número 3 dos clásicos industriales de la capital: Mota, el barbero, y Mónico, el jabonero, este con su clásica gorra, entonces muy usada por esta clase de menestrales, y su bata tres cuartos, igualmente muy corriente en los comercios de la época. En la actualidad ocupan los bajos de don Leocadio León de la Orden y hoy de sus herederos, muy surtido en artículos del ramo, y la peluquería de Antonio, en la que ha estado muchos años al frente, hasta su jubilación, el popular maestro Paco González, hombre simpático y gran aficionado taurino de buenos practicantes de la caña.

En la casa número 5, muchos años residencia de don José Piqueras Fernández, estuvo en el bajo la Recaudación de Contribuciones, regentada por dicho señor, y que posteriormente desempeñara don Enrique Juanes, como funcionario de Hacienda. El señor Piqueras, Hombre de negocios, muy emprendedor y con gran dinamismo, creó un servicio de autocares para servir el balneario de Fuensanta, por entonces muy concurrido, y los pueblos de Aldea del Rey y Calzada de Calatrava. Lo denominó "La Auto Manchega", siendo así el precursor de otra del mismo nombre y de la que, para otros puntos, se llamó Empresa Solis y más tarde A.I.S.A., y por consiguiente de todos los servicios de esta clase con que hoy cuenta Ciudad Real. El día de la inauguración se invitó a todo el vecindario a participar en el acontecimiento, que como tal hay que calificarlo en aquella época, y la invitación consistió en dar una vuelta completa a la ronda de circunvalación, cómodamente montados en los primitivos autobuses. En Calzada -lo hemos podido comprobar gráficamente en el número 213 de "Vida Manchega", agosto 1918- constituyó igualmente un acontecimiento la llegada del primer servicio, en el que hicieron el viaje, además del señor Piqueras, el diputado del partido y los representantes de la Prensa de Ciudad Real.

Aunque los servicios de viajeros se dieron con toda regularidad, la empresa no prosperó y pronto desaparecieron.

Posteriormente se estableció en dicho local un sobrino del señor Piqueras, don Ramón, como subdirector de la compañía de seguros "La Unión y el Fénix Español", que se trasladó posteriormente a la calle de Caballeros, y más tarde, al comprar la casa, se instaló en ese local el establecimiento de ultramarinos de Ramón Serrano, que antes había estado en la calle de Carlos Vázquez, donde hoy están los Almacenes Caballo. Al fallecer el señor Serrano, se estableció la firma "Comercial Malagueña", dedicada aquí a tejidos, confecciones, mercería, etc., habiendo realizado una gran reforma del local, que le sitúa entre los mejores comercios del ramo textil.

La casa número 7, vivienda y bufete del abogado don José Antonio Sauco Gabaldón, no fue comercial en aquellos años del primer cuarto de siglo, aunque si recordamos que en la portada colindante con la casa de la señorita viuda de Medrano, doña Elisa Cendrero, estuvo instalada en tiempos la funeraria de Capilla, hasta su traslado a Dorada, 2, frente a San Pedro. En los bajos de esta casa número 7 se estableció el primer comercio de "Galerías Barcelonesas", al que siguió Almacenes Toledo, y también la perfumería "Malvarrosa", en su primer establecimiento, muy concurrido de clientas por aquellos años.

En el número 13, próximo inmueble con comercio estuvo instalada muchos años la Papelería y Librería de Enrique Lérida, hombre afable, muy culto, que prefería charlar un rato con un cliente que también lo fuera, antes que vender un lápiz o un goma. Muchos números de los periódicos locales de entonces supieron de sus gacetillas y de sus escarceos literarios. Desde la calle de Toledo se trasladó el librero Lérida a la calle de General Aguilera, donde su hijas han estado al frente del negocio hasta la demolición del inmueble, en 1985. En los bajos siguientes se estableció, desde la calle de la Cruz, en la sección de tejidos, Almacenes "El Barato", del señor Oliver Paniagua, que más tarde pasó de nuevo a la calle de la Cruz, en la otra acera. Posteriormente, en el mismo local de Toledo, estuvo varios años el establecimiento de tejidos y novedades de don Antonio Sánchez, al que sucedió Almacenes "Magón" de Toledo, así llamados para evitar confusiones con el de Postas.

Pasada la placita de la Merced nos topamos con el edificio del Palacio Provincial, que alberga a la Diputación, y que da empaque y buen tono a la calle. El palacio se levantó a últimos del siglo pasado, frente a la entonces llamada plazuela de Don Luis, que era prácticamente el jardín de la casa-palacio de la familia Muñoz. El solar sobre el que se levantó el edificio de la Diputación perteneció a la antigua Vicaria del Obispado Priorato de las cuatro Ordenes Militares, siendo su coste de cuarenta mil pesetas, según escritura del año 1888. El arquitecto autor del proyecto del Palacio Provincial fue don Sebastián Rebollar y Muñoz, que lo era también de la Corporación Provincial.

La primera piedra del nuevo edificio, esperado con gran ilusión por los ciudarrealeños, se colocó el día 6 de agosto del año 1889 y el inmueble fue entregado a la Diputación el año 1893, aunque en la puerta de servicio que da a la plaza de la Merced y que linda con la entrada a la iglesia parroquial de Santa Maria del Prado, conocida más por la Merced por haber utilizado dicho templo los religiosos mercedarios, se consigna que fue el año 1892. La pintura y decoración del palacio fue realizada por el gran artista de Ciudad Real, profesor de Dibujo posteriormente en el Instituto, Angel Andrade Blázquez, que dejó buenas muestras de su talento artístico y capacidad creadora en muchos detalles del edificio. Porque hoy, seguramente parecerá a más de uno fuera de lugar buena parte de las dependencias, pero no cabe duda que en aquellos tiempos y aún después, su exorno hizo época, si bien posteriormente ha sido objeto de algunas modificaciones, al realizarse obras de conservación, entre las que destaca el nuevo salón de sesiones con el magnífico mural de López Villaseñor y las llevadas a cabo por la actual Corporación a lo largo de 1984 y 1985.

Al no contarse hasta fecha reciente con Museo Provincial en Ciudad Real, fue la Diputación la que en sus galerías o almacenados en otras dependencias, conservó buen número de obras de pintura y escultura del propio Andrade, de Carlos Vázquez, Palmero, Villaseñor, Guijarro, García Donaire, Gloria Merino, Iniesta y la colección de personajes del "Quijote" que el malogrado amigo Felipe García Coronado dejó como muestra escultórica de su arte inolvidable.

Mucho más podría decirse de la Diputación, -estos datos han sido tomados del "Diccionario histórico" de don Inocente Hervás-, de los hombres que han pasado por ella y sus circunstancias en relación con el progreso de la provincia, pero por lo que tiene de social, queremos consignar aquí los nombres de dos de sus porteros mayores, el de Deogracias Díaz Piña, hombre que vestía el cargo con prestancia, correcto en grado sumo y servicial sin servilismo; el otro, su sucesor, Enrique García Visedo, gran manchego en su sentir, hombre popular y que supo igualmente estar en su puesto.

En el 32 estuvo la relojería de José Ayala Fernández, la droguería y perfumería "El Prado" y en la esquina un despacho de helados, los tres ya desaparecidos al construirse un moderno edificio con fachadas a las calles de Toledo y Jacinto; en la casa siguiente estuvo un taller de cestería y otros artículos de mimbre.

En el 36 vivió muchos años Emilio Roig Escobar, que fue siempre muy aficionado a la pluma, que cultivó con acierto, firmando sus colaboraciones con los seudónimos de "El barón de Rosillo" y "Román de la Rosa", a partir de los años 20. En la número 38 vivió muchos años la familia de don Francisco Cueva y posteriormente estuvieron las oficinas del Instituto Geográfico Catastral y en la siguiente, de la familia Maldonado, la Inspección Provincial de Primera Enseñanza y después la Delegación de Educación. Demolidos estos inmuebles se han construido modernos edificios, cuyos bajos están ocupados por variados establecimientos. Dos tiendas de comestibles estuvieron en la casa número 44, la de Miguel Luengo Trejo y la de Francisco Gómez, que pertenecieron antes a los señores Rivas y Tomás Prado. En el principal vivió muchos años y en ella murió una figura local muy popular, don Enrique Ventura Sauco, gran cazador y poseedor de perros de la mejor casta.

En el número 48, hoy sustituido por un moderno edificio con fachadas a Toledo y Estrella, tuvo su casa solariega el general don Francisco Aguilera y Egea, con el que se reunían sus muchos amigos durante sus estancias en nuestra ciudad, y posteriormente vivienda e industria del señor Santigosa y Alvarez de Toledo. Sobre la puerta principal de la casa primitiva había una lápida en la que constaba la fecha de construcción.

En el 50 moderno existió un pequeño rastro del popular barbero maestro Mota, en el 60 estuvo el maestro sastre Cabañas, siempre muy atildado, con gorra y su pañuelo blanco al cuello; en el 62 vivió durante su estancia en Ciudad Real, como director del "El Pueblo Manchego", don Benito Valencia, por los años 15 y 16; en el 70, la tienda de comestibles y despacho de aceites de Salinero; en el 74, la droguería y perfumeria de Félix Peinado Archidona, con artículos de regalo; en el 82 la bodega y despacho de Vinuesa y ya en la esquina a Luz el taller de reparaciones de motos de Antonio Muñoz.

En la acera de los nones, pasada la Diputación, esquina la Rosa, estuvo la razón social "De Juan y Ayala", especializada en maquinaria agricala, automóviles y motocicletas. Hace muchos años y en el mismo local, existió una tienda de ultramarinos, que hoy sería de alimentación, propiedad del maestro pintor Anastasio Santiago, popular y afectivo para con su muchos amigos. En el principal vivió muchos años el bueno de don José Carrascosa, que fuera catedrático de Matemáticas en el Instituto de Ciudad Real. En el 21 estuvo cierto tiempo el taller de recauchutados de José López.

En el número 23, estuvieron las oficinas del Servicio Nacional del Trigo y posteriormente el Sanatorio de Nuestra Señora del Prado, en el que desarrollaron sus actividades profesionales un gran cuadro médico con consulta abierta en Ciudad Real. Hasta 1936 fue vivienda del banquero don Ramiro Sánchez Izquierdo, que fue presidente de la Diputación desde el 2 de enero de 1936, durante un breve espacio de tiempo, debido a un cambio en la política nacional a raíz de las elecciones del 16 de febrero. En este inmueble, antes de que fuera reformado por el señor Sánchez Izquierdo, víctima de la convulsión que sufriera España en el citado año 36, estuvo bastante tiempo el Distrito Minero, recordando entre sus ingenieros a los Señores Oria, Barón y el conde de Argillo.

El gran artista Jerónimo López Salazar, que fuera director de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos en los años 60, tuvo su taller-estudio de escultura en el número 25; en el 29, un establecimiento de venta de lanas y confecciones de punto y otro de máquinas de escribir; en el 33, donde se halla hoy el bar Toledo, tuvo su domicilio y taller de pintura el maestro Santiago, así como el taller de Teresita la bordadora, donde aprendieron primores con la aguja muchas ciudarrealeñas que hoy madres de familia y hasta abuelas; en el 35 estuvo el estanco de la madre y hermanas de los señores Contreras, sacerdote e Industrial, ambos muertos el año 36; en el 41 la Peluquería para señoras de Lola, en el 45, los talleres de Tintorería Madrid y un estanco y aún más arriba una zapatería de portal.

En el 61 tuvo muchos años su taller de mármoles el que fue buen artista especializado en panteones y sepulturas, Joaquín Cabildo, y posteriormente uno de sus hijos, en el mismo local, se estableció con bicicletas de alquiler y reparaciones; en el 71 tuvo tienda de comestibles el señor Cortés, junto a otras próximas de venta de pan y un almacén de piensos. El 91 fue establecimiento de Usero, seguido por sus familiares, con artículos de golosinas; en el 93, la taberna-bar "El Cañon", con mucha clientela del vecino cuartel; al final, el antiguo garaje "El Aguija", de Valeriano Sobrino, la fragua de Luengo y el almacén de carbones de J. Fernández. En la acera de enfrente, a esa altura, estuvieron varios servicios militares, incluidos el Gobierno Militar y la Intendencia del Ejército.